miércoles, 11 de abril de 2012

Fragmentos románticos (4.2)

Y como os prometí, los fragmentos que faltaban de Éxodo.
No le dejé terminar, me lancé a sus brazos abrazándole con fuerza, como si la vida se me fuera en ello. Caímos, pero no me importó. Lo miré con una seriedad que no había mostrado nunca antes.
-Solo sé que quiero estar contigo, Christian. No recuerdo mi pasado y no sé qué me depara el futuro, pero tú formas parte de la mayoría de mis recuerdos y de mis emociones. No sé por qué no puedo temerte ni odiarte, pero te quiero, y por desgracia eso es lo único que tengo claro.
Analicé esa última frase. Le había dicho que le quería…Él tomó aire pausadamente y pasó una mano por mi pelo.
-Haces que merezca la pena que mi corazón continúe latiendo- susurró contra mi cuello.
Alcé la vista y lo miré a los ojos.
-Y tú que el mío dejara de hacerlo

-Me alegra que hayas venido a despertarme.-Contemplé la flor y luego a él-. Es preciosa.
-No tanto como tú.
Le rodeé el cuello y lo atraje hacia mí, haciendo que su cuerpo cayera sobre el mío, pero el estiró los brazos para asegurarse de que no tendría que soportar ni un gramo de su peso. Nos contemplamos el uno al otro durante unos segundos, sin parpadear.
-Me gusta tu forma de decir” Buenos días”-murmuró ampliando la sonrisa.
Dirigió su atención a la camiseta de mi pijama, que se había subido un poco dejando al descubierto parte de mi vientre, arqueó una ceja de forma seductora, e hizo una mueca juguetona.
-Mmm…
A continuación, descendió lentamente y me besó por encima del ombligo, haciendo que me estremeciera.
-No deberías hacer eso- avisé respirando con dificultad.
-¿Por qué?
La sensación de su aliento en mi piel provocó una descarga que me recorrió todo el cuerpo.
-Hay zonas que aún no están acostumbrados a ti-dije con tono inocente, refiriéndome a la quemazón.
-¿Te hago daño?-preguntó preocupado.
-No, no lo sé- reconocí, creo que es… agradable, por sorprendente que parezca.
-Bien.
Me dedicó una de sus sonrisas más atractivas y subió para besarme el cuello.
-Como sigas haciendo eso te aseguro que no responderé de mis actos.
Los latidos de su corazón se aceleraron
-Veámoslo pues.
Se dirigió a mi hombro y desde ahí trazó con los labios una trayectoria hasta la frente, captando el rastro que había dejado el lirio. Luego exhaló aire lentamente y descendió de nuevo para mirarme a los ojos. Me pasó una mano por la cintura, acariciándome mientras ascendía con suavidad, mi respiración estaba desbocada.

Me había llevado a la misma playa de la otra vez, pero en esta ocasión había traído una barquita de madera y me paseaba con ella. Para mi gran satisfacción, se había desecho de su cazadora y ahora lo único que separaba su cuerpo de mi curiosa mirada era una fina camiseta, un absurdo trozo de tela que se pegaba a él de forma indecente.
-¿Por qué sonríes?-dijo devolviéndome al mundo real.
Parpadeé un par de veces saliendo del estupor en el que había caído.
-¿Lo hago?-pregunté sorprendida.
No me extrañaba en absoluto, ¿a quién no se le habría quedado una sonrisa tonta ante semejante espectáculo?
-¿En qué estabas pensando?-quiso saber.
Bajé la vista, avergonzada.
-Solo observaba el paisaje.
Arqueó una ceja, divertido. Desde mi posición, lo único que podía ver o, mejor dicho, admirar, era su cuerpo, nada más, ni siquiera el lejano horizonte.
-¿El paisaje?-Rió-¿Y te gusta lo que ves?
-Bueno, estaba sonriendo, ¿no? Aunque es como intentar ver el sol en un cielo encapotado. ¿En qué pensabas tú?
-A mí no se me dan tan bien las metáforas meteorológicas. Pensaba en ti. (…)
-No es el caso porque eres preciosa, que no se te ocurra pensar lo contario-siguió con su anterior labor-. De hecho, en este momento, estoy luchando contra mí mismo para no abalanzarme sobre ti.
-Uuuh, sí –me burlé, tengo ahora mismo una pose tan sexy…
Estaba tumbada de cualquier manera sobre el suelo de la barca, en una postura no muy femenina.
(…)
Me mordí el labio, lo tenía tan cerca…
-¿Y qué piensas hacer conmigo?- balbuceé en un susurro.
-No lo sé, te tengo atrapada en mitad del océano, sola, todo esto da rienda suelta a la imaginación.
-¿A la tuya o a la mía? Porque yo tengo claro lo que yo haría, pero no sé si tu mentalidad del pleistoceno medio podría soportarlo.
Abrió mucho los ojos.
-¿Y qué se supone que estaba maquinando tu mente del siglo XXI?
-Pensaba, principalmente, en deshacerte de esa horrible camiseta.
Se observó a sí mismo un segundo.
-¿Qué tiene mi ropa que te ofenda tanto?
-Te oculta de mí.

-Vayas donde vayas, Lena, llevas una parte muy importante de mí contigo y yo no puedo vivir sin ella.-Me mordí el labio con fuerza para intentar mitigar el escozor de las lágrimas secas-.Has cambiado todo mi mundo.-Se acercó más a mí, poniéndome su otra mano en la mejilla, sujetándome el rostro como si se tratara de algo frágil.(…)
-Tú eres lo único importante en mi maldita existencia, lo único que me hace sentir vivo, lo único que hace latir mi corazón. No puedes apartarme de ti.

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